José Manuel Rosa BAR CAFETERIA IES EL PALO
Casa Manuel
de La Lonja
Artículo la Opinión de Málaga: enlace
Casa Manuel
de La Lonja
El veterano
testigo de la pesca en El Palo
Fundado en
1944 por Manuel Cuenca Galán, 'el de La Lonja', de 1949 a comienzos de los 70
funcionó también como lonja para subastar
alfonso vázquez 21.07.2013 | 05:00
José Manuel Rosa entre su mujer, Pilar Pino y su hija, Pilar Rosa, quinta
generación de la familia dedicada a la restauración. ALEX ZEA
La ilusión
de niño de José Manuel Rosa, nacido en 1952, era levantarse a las 6 de la
mañana para ver cómo descargaban el pescado y lo subastaban en el negocio de su
abuelo en El Palo, frente a la playa. De paso, antes de ir al colegio
disfrutaba de un desayuno inolvidable: «Mi abuela me ponía el cafelito, que era
una jarrilla de cebada, el bollo con aceite y azúcar y una parrilla de sardinas
asadas».
José Manuel
se emociona al recordar a su abuelo, Manuel Cuenca Galán, el de la Lonja, uno
de los vecinos más queridos del Palo. «Fue prácticamente él quien me educó, era
muy buena persona, la gente le ha pedido muchos favores y él se lo ha concedido
y además quitó mucha hambre aquí en El Palo», recuerda.
Manuel el de
la Lonja debe su apodo a la aventura que comenzó en 1944, cuando compró una
tabernilla frente a la playa. Manuel no hacía sino seguir los pasos de su
suegro, Alfonso Rodríguez, quien en los años 20 tenía una frecuentada taberna
muy cerca, en la calle Quitapenas.
José Manuel,
bisnieto de este primer tabernero, muestra una vieja fotografía de hace 90 años
–que también circuló como postal– en la que aparece su abuelo junto a la
taberna, contemplando cómo unos gatos dan cuenta de unos restos de pescado. «En
aquella época lo que se vendía era la cerveza Victoria, el vino blanco y el
tinto y los calibres de aguardiente», explica.
Manuel el de
la Lonja siguió los pasos de su suegro con la taberna creada en el 44. Cinco
años más tarde se convertiría en un rincón tan importante del barrio como las
Cuatro Esquinas. Esto fue lo que pasó: «El pescado se vendía en una explanada
fuera y cuando llovía o hacía mal tiempo, la gente se mojaba o pasaba frío;
entonces hablaron con mi abuelo, porque había sitio, para vender el pescado en
subasta en la taberna. Mi abuelo habló con la Comandancia y le dieron el
permiso».
Así que la
Casa Manuel, con espacio suficiente, compaginó las funciones de taberna con la
de sede de la lonja del Palo, «tirándose una pila de años abierta día y noche
porque en esa época había mucha actividad», recuerda su nieto, que desde luego
no exagera cuando dice eso de «si estas paredes hablaran...». Porque los
pescadores del Palo han contado en este veterano establecimiento sus alegrías y
penas, los lances en el mar, pero también en tierra, como esa jornada de los
años 40 que a José Manuel le contó su padre, Cristóbal Rosa: «Las casas de la
primera línea de playa tenían dos entradas para que el agua saliera y había
sureste, el tiempo duro. Ese día el mar llegaba hasta la vía del tren y por los
callejones se veía el pescado. La gente cogía los jureles con los cubos».
La jornada
de pesca
La pesca
marcó la vida de la Casa Manuel de la Lonja. Por la mañana salían los
sardinales y traían las sardinas; durante el día, las barcas con boquerones,
jureles y calamares y por la tarde, el arte de pesca del trasmallo «que
pescaban los chopos, salmonetes y lenguados, que se pesaban en una red con una
romana», cuenta José Manuel, que todavía conserva esa pesa en el restaurante.
De esos años
del Palo y la pesca hay muchas anécdotas, una de las más curiosas, lo que le
sucedió al abuelo paterno de José Manuel, José Rosa, en unos tiempos en los que
no había cuartos de baño en las casas y todo se hacía en el mar.
«Mi abuelo
se levantaba de madrugada a ver el tiempo y una mañana había levante duro»,
cuenta su nieto. El abuelo estaba haciendo sus necesidades cuando vio en la
orilla un bulto negro: «Era un pez espada que había llegado mareado a la orilla
del mar. Corriendo llamó a sus dos hijos y cargaron en un motocarro la aguja
palá. La llevaron a Málaga al muelle y la vendieron en 2.500 pesetas de la
época».
Con parte de
ese dinero, José pudo comprarles unos zapatos a sus hijos, cuando la norma era
usar alpargatas. La familia paterna de José Manuel también estuvo muy vinculada
al mar, de ahí que recuerde no sólo el apodo de su abuelo, El Rosilla, y la
carta de la baraja que tenía su barca (el siete de oros), que servía para
sortear los boles, los sitios de pesca, también se acuerda de otros apodos y
sus respectivas cartas: «El Mijita, el as de espadas; el Lobo, el dos de oros;
el Mengarra, el cuatro de espadas...».
La lonja del
Palo funcionó en el establecimiento familiar hasta aproximadamente 1972. La
causa del cierre: «Se pescaba menos, había menos pescado y el poco que traían
se vendía en la playa misma».
Dos años
antes, en 1970, moría Manuel Cuenca Galán, el de la Lonja, que como recuerda su
nieto, «tenía una sabiduría y un saber hablar y explicarse, sin embargo no
sabía leer ni escribir; nació con ese don».
Como
curiosidad, con la llegada de la Democracia un grupo de personas del Palo quiso
que este hombre tan admirado tuviera una calle en su barrio, pero la iniciativa
no prosperó. Sus méritos siguen en pie.
Con el
cierre de la lonja, el yerno de Manuel, Cristóbal (Tobalo) Rosa, transformó el
establecimiento en bar cafetería, un próspero negocio, como recuerda su hijo
José Manuel: «Me acuerdo que vendía diariamente 125 litros de leche, por el
café, y venían también matrimonios y amas de casa con la lechera y pedían un
duro o dos de café o Cola Cao».
La Casa
Manuel de la Lonja siguió siendo el centro de reunión de los pescadores del
Palo. «Este ha sido siempre un lugar muy querido, el centro de reunión de los
pescadores del barrio».
En 1995,
Cristóbal Rosa deja el negocio a su hijo José Manuel y al año siguiente este lo
reforma y convierte en restaurante. Tras la desaparición de Casa Pedro, fundado
en 1928, la Casa Manuel de la Lonja se ha convertido en el merendero más
antiguo del Palo. José Manuel Rosa comparte trabajo con su mujer Pilar Pino,
con la que se casó en 1975 y con su hija Pilar, la quinta generación de esta
familia dedicada a la restauración. «Te sientes muy orgullosa porque es una
cosa familiar de mucha tradición», cuenta Pilar Rosa.
No puede
acabar este repaso a la larga historia de la Casa Manuel de la Lonja sin
recordar un día del Carmen de los años 60, con el tiempo revuelto y el mar
encrespado. La Virgen del Carmen no puede salir al mar y entonces, sacan a
hombros la imagen y le piden a Manuel el de la Lonja que la resguarde en su
establecimiento. «Tenía un porche de madera muy largo y era el sitio idóneo
para recogerla», explica Pilar Pino.
La imagen de
la Virgen del Carmen pasó la noche en la lonja, acompañada por las mujeres del
barrio, en una larga vigilia. Fue la noche más especial de la Lonja del Palo,
la aventura iniciada en 1944 por Manuel Cuenca Galán y que hoy continúa frente
a las playas del barrio.

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